25 jun 2026
Raíces, hojas y flores: qué parte de la planta se usa y por qué
Descubre por qué en herbolaria se usan raíces, hojas o flores según la planta. Aprende a elegir la parte adecuada para tus infusiones y remedios naturales.
25 jun 2026
Descubre por qué en herbolaria se usan raíces, hojas o flores según la planta. Aprende a elegir la parte adecuada para tus infusiones y remedios naturales.
Cuando te adentras en el mundo de las plantas medicinales, una de las primeras preguntas que surgen es: ¿qué parte de la planta se utiliza realmente? No es lo mismo la raíz que la flor, ni la hoja que el tallo. Cada parte tiene una composición química distinta, una concentración de principios activos diferente y, por tanto, una aplicación específica en herbolaria. En este artículo te explicamos de forma clara y práctica por qué se elige una u otra parte, y cómo saber cuál es la adecuada para cada uso.
En la naturaleza, las plantas no almacenan sus compuestos activos de manera uniforme. La lavanda, por ejemplo, concentra sus aceites esenciales en las flores, mientras que el diente de león acumula propiedades depurativas en la raíz. Usar la parte equivocada puede hacer que una infusión pierda efecto o incluso resulte desagradable al paladar. Por eso, la tradición herborista ha ido seleccionando a lo largo de los siglos la porción más rica en los componentes que buscamos: antioxidantes, antiinflamatorios, digestivos o relajantes.
Las raíces son el ancla de la planta y su almacén de reservas. Suelen contener almidones, azúcares y compuestos más densos, como polisacáridos o saponinas. Por eso, se emplean cuando se busca un efecto más profundo o sostenido, como en el caso del jengibre (Zingiber officinale) para problemas digestivos o la equinácea (Echinacea purpurea) para reforzar las defensas. Al ser más duras, a menudo se necesitan decocciones (hervirlas unos minutos) para extraer sus principios, a diferencia de las hojas o flores que se preparan en infusión.
Otras raíces populares son la valeriana (Valeriana officinalis), usada por su efecto calmante, y la cúrcuma (Curcuma longa), rica en curcumina con propiedades antiinflamatorias. En todos estos casos, la raíz se recolecta en otoño o primavera, cuando la planta acumula más nutrientes, y se seca para su conservación.
Las hojas son el laboratorio donde la planta transforma la luz en energía. Por eso, suelen ser ricas en clorofila, vitaminas y compuestos volátiles. Se utilizan cuando se busca un efecto más suave, refrescante o diurético. La menta (Mentha piperita) es un ejemplo clásico: sus hojas proporcionan ese aroma y frescor que alivian el estómago. También la salvia (Salvia officinalis), cuyas hojas son apreciadas para la garganta y la digestión, o el té verde (Camellia sinensis), cuyas hojas jóvenes se recolectan para obtener antioxidantes.
En general, las hojas se cosechan justo antes de la floración, cuando su contenido en aceites esenciales es máximo. Se preparan en infusión con agua caliente (no hirviendo) para no destruir esos compuestos delicados.
Las flores son la parte reproductiva de la planta y, a menudo, la más perfumada. Concentran aceites esenciales, flavonoides y compuestos que atraen a los polinizadores. En herbolaria, las flores se usan para tratar problemas relacionados con los nervios, las emociones o la piel, y también para infusiones suaves y agradables. La manzanilla (Matricaria chamomilla) es la reina de las flores calmantes, ideal para el estrés o las digestiones pesadas. La lavanda (Lavandula angustifolia) se emplea en aromaterapia y para conciliar el sueño. Otras flores como el saúco (Sambucus nigra) son excelentes para combatir resfriados gracias a sus propiedades expectorantes.
Las flores se recolectan en plena floración, por la mañana y sin humedad, para preservar su aroma. Se preparan en infusión breve (3-5 minutos) y nunca se hierven, pues perderían sus principios volátiles.
No hay una regla fija, pero sí orientaciones útiles. Si buscas un efecto más intenso y sostenido (como para el sistema inmunitario o la digestión profunda), prueba con raíces. Si prefieres algo suave, refrescante o diurético, las hojas son tu opción. Y si necesitas un toque aromático, relajante o para la piel, las flores son ideales. También existen plantas donde se usa más de una parte, como el diente de león (raíz para el hígado, hojas para la diuresis) o la ortiga (hojas para alergias, raíz para la próstata).
No, cada parte tiene propiedades diferentes. Por ejemplo, las hojas de ruibarbo son tóxicas, mientras que su raíz se usa como laxante. Siempre consulta una guía fiable o a un herborista.
Depende de la especie. En general, las raíces suelen tener mayor concentración de principios activos, pero las flores pueden ser más aromáticas y las hojas más ricas en vitaminas.
Normalmente lo indica el envase o la receta. Si no, fíjate en el tamaño y la textura: las raíces son trozos leñosos, las hojas son planas y las flores son pequeñas y coloridas.
Sí, a veces se combinan para potenciar efectos, como en el caso del diente de león (raíz y hojas). Pero hay que conocer bien las propiedades para no desequilibrar la mezcla.