05 jul 2026

Raíces, hojas y flores: qué parte de la planta se usa y por qué en herboristería

Descubre por qué en herbolaria se usan raíces, hojas o flores según la planta. Aprende qué parte concentra más principios activos y cómo elegir.

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Imagen: cottonbro studio / Pexels

Cuando entras en un herbolario, ves frascos, bolsas y etiquetas con nombres de plantas. Pero quizá te hayas fijado en que unas veces pone «raíz de diente de león», otras «hoja de ortiga» y otras «flor de manzanilla». No es casualidad: cada parte de la planta guarda un tesoro químico distinto, y los herbolarios eligen la que mejor se adapta a cada uso. En este artículo te contamos por qué se usa cada parte, qué principios activos concentran y cómo saber cuál elegir.

¿Por qué no se usa la planta entera?

En la naturaleza, una planta es un organismo completo: raíces, tallo, hojas, flores, frutos y semillas. Pero al preparar un remedio herbal, no siempre interesa todo. La razón es que los compuestos bioactivos —como alcaloides, flavonoides, taninos o aceites esenciales— se distribuyen de forma desigual. Por ejemplo, la valeriana acumula sus sustancias calmantes sobre todo en la raíz, mientras que la menta concentra sus aceites esenciales en las hojas. Usar la parte equivocada sería como intentar hacer un café con posos ya usados: no obtendrías el efecto deseado.

Raíces: el almacén subterráneo

Las raíces son el ancla de la planta y su despensa. Almacenan nutrientes y compuestos de reserva, y a menudo contienen principios activos más concentrados y de acción más lenta pero sostenida. Son ideales para preparar decocciones (hervidos prolongados) porque su estructura fibrosa necesita más calor para liberar los compuestos.

Ejemplos clásicos:

  • Raíz de jengibre: rica en gingeroles, con efecto digestivo y antiinflamatorio.
  • Raíz de equinácea: utilizada en infusiones para apoyar las defensas (no cura, solo ayuda).
  • Raíz de diente de león: tradicionalmente usada para favorecer la función hepática y renal.

Las raíces suelen cosecharse en otoño o primavera, cuando la planta ha acumulado más reservas. En herbolario, se presentan secas, troceadas o en polvo, y se recomienda hervirlas de 10 a 15 minutos.

Hojas: la fábrica de luz

Las hojas son los laboratorios donde ocurre la fotosíntesis. Por eso están llenas de clorofila, vitaminas y compuestos volátiles. En general, las hojas tienen una acción más rápida y superficial que las raíces, y se usan sobre todo para infusiones (agua caliente, no hirviendo) para no destruir sus aceites esenciales.

Ejemplos habituales:

  • Hojas de menta: su mentol aporta frescor y alivia molestias digestivas.
  • Hojas de ortiga: ricas en hierro y minerales, usadas en infusiones depurativas.
  • Hojas de salvia: tradicionalmente empleadas para equilibrar la sudoración y la salud bucal.

Las hojas se recolectan justo antes de la floración, cuando los principios activos están en su punto máximo. En casa, se preparan en infusión (verter agua caliente y reposar 5-10 minutos tapado).

Flores: la parte más delicada y aromática

Las flores son los órganos reproductores de la planta. Su misión es atraer polinizadores, por lo que concentran pigmentos, néctar y aceites esenciales muy volátiles. Por eso, suelen tener un aroma intenso y una acción más suave pero muy agradable. Se usan en infusiones cortas (3-5 minutos) y a veces en extractos fríos.

Ejemplos representativos:

  • Flores de manzanilla: contienen camazuleno, conocido por su efecto calmante y digestivo.
  • Flores de caléndula: ricas en flavonoides, tradicionalmente usadas en uso externo para la piel.
  • Flores de saúco: empleadas en infusión para ayudar en procesos catarrales (sin prometer cura).

Las flores se recolectan en plena floración, a primera hora de la mañana, cuando los aceites esenciales están más concentrados. Son muy sensibles al calor, así que nunca hay que hervirlas.

¿Y el tallo, los frutos y las semillas?

Aunque menos comunes, también se usan. El tallo suele ser fibroso y menos rico en principios activos, pero hay excepciones como el tallo de la vid roja (para circulación). Los frutos, como el escaramujo o el espino amarillo, son ricos en vitamina C. Las semillas, como las de hinojo o lino, contienen aceites y mucílagos. Cada parte tiene su técnica de preparación.

Cómo elegir qué parte comprar

Si estás en un herbolario y dudas, pregúntate: ¿quiero un efecto rápido y aromático? Entonces busca flores u hojas. ¿Prefiero algo más profundo y sostenido? Ve a raíces. Y si tienes una receta tradicional, respeta la parte indicada, porque el herbolario que la formuló sabía qué concentración necesitas.

Preguntas frecuentes

¿Puedo usar hojas en lugar de raíz en una receta?

No es recomendable. Aunque a veces la misma planta tiene propiedades en distintas partes, la concentración y el tipo de principios activos varían. Por ejemplo, la raíz de diente de león es más amarga y hepática, mientras que las hojas son más diuréticas. Mejor seguir la indicación.

¿Cómo conservo cada parte correctamente?

Las raíces se guardan en lugar seco y oscuro, en tarros cerrados. Las hojas y flores, también en tarros herméticos, pero lejos de la luz y el calor, y se consumen preferiblemente en un año.

¿Qué parte es más segura para empezar?

Las hojas y flores suelen tener una acción más suave. Siempre empieza con una infusión ligera y observa cómo reacciona tu cuerpo. Si tienes dudas, consulta a un profesional de la salud.

¿Puedo mezclar partes de distintas plantas?

Sí, muchas fórmulas herbarias combinan raíces, hojas y flores para potenciar sinergias. Por ejemplo, una infusión digestiva puede llevar raíz de jengibre, hojas de menta y flores de manzanilla. Pero es mejor informarse bien o acudir a un herbolario de confianza.