15 jul 2026
Raíces, hojas o flores: cómo elegir la parte correcta de cada planta medicinal
Descubre por qué de una planta se usan las hojas, de otra las flores y de otra la raíz. Guía práctica de herbolaria para aprovechar cada parte al máximo.
15 jul 2026
Descubre por qué de una planta se usan las hojas, de otra las flores y de otra la raíz. Guía práctica de herbolaria para aprovechar cada parte al máximo.
Cuando abres un bote de manzanilla, lo que ves son las flores secas. Si preparas una infusión de diente de león, lo más probable es que estés usando la raíz. Y si tu tila favorita viene de la planta del tilo, en realidad estás tomando las hojas y las brácteas. Cada parte de una planta tiene una composición química distinta, y por eso se usa para cosas diferentes. En este artículo te explicamos, de forma clara y práctica, qué parte se emplea de las plantas medicinales más comunes y por qué se elige esa parte y no otra. Así, cuando compres una hierba o la cultives en casa, sabrás exactamente qué estás usando y para qué sirve.
Imagina una misma planta: la raíz está en contacto con la tierra y acumula sustancias de reserva, como polisacáridos o aceites esenciales pesados. Las hojas, expuestas al sol, realizan la fotosíntesis y concentran compuestos volátiles y antioxidantes. Las flores, encargadas de la reproducción, suelen tener esencias más delicadas y aromáticas. Por eso, una misma especie puede tener usos muy diferentes según la parte que emplees. Por ejemplo, el perejil: las hojas son digestivas y diuréticas, mientras que la raíz tiene propiedades más depurativas. Elegir bien la parte es el primer paso para que una preparación funcione como esperas.
Las raíces suelen ser la parte más energética de la planta, porque almacenan nutrientes para el invierno o para la floración. Se emplean cuando necesitamos un efecto más intenso o sostenido. Algunos ejemplos claros son:
Las raíces suelen necesitar una cocción más larga (decocción) para extraer sus principios activos. Si las tomas en infusión rápida, apenas aprovecharás sus beneficios.
Las hojas son la parte más común en las infusiones cotidianas. Suelen ser ricas en aceites esenciales volátiles, flavonoides y vitaminas. Se recomiendan para problemas leves o de uso frecuente, y generalmente se preparan en infusión (agua caliente, no hirviendo, tapadas durante 5-10 minutos). Algunos ejemplos representativos:
Un truco: las hojas frescas suelen tener más aroma que las secas, pero también se degradan antes. Si compras hojas secas, consérvalas en tarros opacos y bien cerrados.
Las flores son la parte más efímera y aromática. Suelen emplearse para problemas relacionados con los nervios, el sueño o la piel, porque sus compuestos son suaves y agradables. Se preparan en infusión corta (3-5 minutos) y nunca deben hervirse, ya que los aceites esenciales se evaporan. Algunas flores imprescindibles:
Las flores suelen ser más caras que las hojas porque su recolección es más delicada y su rendimiento menor. Pero en muchos casos, su perfil de componentes es insustituible.
Aunque en este artículo nos centramos en raíces, hojas y flores, hay otras partes que también se usan en herbolaria: los tallos (como el de la canela, que en realidad es corteza), las cortezas (como la de quina o sauce) y los frutos o semillas (como el hinojo o el cardamomo). Cada una tiene su lógica: la corteza suele ser rica en taninos y compuestos protectores; los frutos acumulan vitaminas y aceites. La clave está en conocer la planta y su tradición de uso.
En algunas plantas sí, como la ortiga o el tomillo, donde hojas y flores se usan juntas. Pero en otras, como la valeriana, usar las hojas no servirá para calmar los nervios. Lo mejor es seguir la recomendación tradicional o la indicación del herbolario.
Lee bien la etiqueta: debe indicar la parte de la planta (raíz, hojas, flores, sumidades floridas). Si no lo especifica, pregunta. Una mezcla de partes puede no tener el efecto deseado.
Depende de tu objetivo. La parte específica está más concentrada en los compuestos que buscas. La planta entera puede ofrecer un efecto más equilibrado, pero también menos potente. Para usos concretos, mejor la parte indicada.
Sí, pero investiga primero qué parte se usa de cada especie. Por ejemplo, de la manzanilla solo se aprovechan las flores; las hojas no tienen uso medicinal. En cambio, de la menta puedes usar tanto hojas como sumidades floridas, aunque las hojas son más aromáticas.
Exacto. Es el caso del diente de león, el perejil, el apio o el hinojo. Conocer esta diferencia te permitirá personalizar tus remedios caseros de forma más precisa y segura.