05 sept 2026
Raíces, hojas o flores: ¿qué parte de la planta se usa en herbolaria y por qué?
Descubre por qué en herbolaria se usan raíces, hojas o flores según la planta y qué principios activos esconden cada parte.
05 sept 2026
Descubre por qué en herbolaria se usan raíces, hojas o flores según la planta y qué principios activos esconden cada parte.
Cuando te acercas al mundo de las plantas medicinales, una de las primeras preguntas que surge es: ¿por qué unas veces se usa la raíz y otras las hojas o las flores? No es una decisión al azar. Cada parte de la planta acumula diferentes compuestos químicos, y elegir la correcta marca la diferencia entre una infusión que te ayuda a sentirte mejor y otra que apenas tiene efecto.
En este artículo vamos a desgranar, de forma sencilla y práctica, qué se esconde detrás de cada parte vegetal y cómo saber cuál emplear en cada caso. Así, la próxima vez que prepares una tisana o un ungüento casero, sabrás exactamente qué estás usando y por qué.
Las plantas son laboratorios vivientes. Las raíces, hojas, flores, frutos y cortezas no están ahí por decoración: cada una tiene un papel en la vida de la planta. Y esos papeles implican sustancias químicas distintas.
Por ejemplo, las raíces anclan la planta al suelo y absorben agua y minerales, por lo que suelen concentrar compuestos de reserva y defensa. Las hojas son el taller de la fotosíntesis, donde se producen azúcares y aceites volátiles. Las flores, por su parte, están diseñadas para atraer polinizadores, así que despliegan pigmentos y aromas que también tienen propiedades medicinales.
Entender esta lógica te ayuda a recordar por qué se usa cada parte. No es una regla universal, pero sí una guía muy útil.
Las raíces suelen ser la parte más densa y con mayor concentración de almidones, mucílagos y compuestos amargos. Se emplean sobre todo cuando se busca un efecto más profundo o duradero, como en problemas digestivos, inflamación o para fortalecer el organismo.
Un ejemplo clásico es el jengibre (Zingiber officinale). Su rizoma (una raíz modificada) contiene gingeroles, sustancias con propiedades antiinflamatorias y digestivas. Otro caso es la valeriana (Valeriana officinalis), cuyas raíces se usan por su efecto relajante, gracias a los ácidos valerénicos.
En la tradición herbaria, las raíces se consideran más 'terrosas' y calmantes. Suelen necesitar una decocción (hervido) para extraer los principios activos, porque son más resistentes que las hojas o flores.
Las hojas son el órgano donde ocurre la fotosíntesis, así que están repletas de clorofila, vitaminas y aceites esenciales volátiles. Por eso, muchas plantas digestivas y estimulantes se usan a través de sus hojas.
Piensa en la menta (Mentha piperita): sus hojas contienen mentol, que alivia molestias estomacales y refresca. O en el romero (Salvia rosmarinus), cuyas hojas son ricas en ácido rosmarínico y aceites esenciales que mejoran la circulación y la memoria.
Las hojas suelen ser más ligeras y su preparación típica es la infusión (verter agua caliente y dejar reposar). Suelen tener un sabor más fresco y verde, y actúan de forma más rápida y suave que las raíces.
Las flores son la parte más delicada y efímera, pero también la que concentra pigmentos (como antocianinas y flavonoides) y fragancias que no se encuentran en otras partes. Se emplean habitualmente para tratar problemas de piel, inflamaciones leves o para equilibrar el estado de ánimo.
La manzanilla (Matricaria chamomilla) es el ejemplo estrella: sus flores contienen bisabolol y camazuleno, compuestos antiinflamatorios y calmantes. O la caléndula (Calendula officinalis), cuyas flores se usan en cremas para la piel por sus propiedades regeneradoras.
Las flores requieren un trato especialmente suave: se usan en infusión, nunca en decocción, para no destruir sus componentes volátiles. Además, suelen tener un sabor más dulce y aromático, lo que las hace agradables de tomar.
A veces, la tradición usa la planta entera, pero lo más común es que cada parte tenga una aplicación más específica. Por ejemplo, en el diente de león (Taraxacum officinale), la raíz es más depurativa y la hoja más diurética. Usar solo la parte adecuada permite obtener un efecto más dirigido y evitar sustancias que podrían no ser necesarias.
Además, algunas partes pueden ser tóxicas si se usan en exceso, como las semillas de ciertas plantas. Por eso, la herbolaria profesional siempre especifica qué parte se emplea y en qué cantidad.
Si estás empezando, lo mejor es guiarte por preparados estandarizados o por las indicaciones de un herbolario de confianza. No improvises con plantas silvestres sin conocer su identidad y propiedades.
Una buena regla es: para problemas digestivos o de piel, prueba con flores o hojas; para cuestiones más internas o crónicas, las raíces suelen ser más potentes. Pero siempre consulta fuentes fiables o un profesional.
Depende de la planta y del objetivo. Las hojas suelen ser más suaves y de acción rápida; las raíces, más concentradas y de efecto más prolongado. Por ejemplo, para la digestión, las hojas de menta van bien, pero la raíz de jengibre también es excelente. Lo ideal es seguir las indicaciones específicas de cada planta.
No. Algunas partes pueden ser tóxicas o tener efectos no deseados. Por ejemplo, en el ruibarbo (Rheum palmatum) se usa la raíz, pero las hojas son tóxicas. Siempre verifica qué parte se considera segura para cada especie.
La infusión se prepara vertiendo agua caliente sobre hojas, flores o partes blandas y se deja reposar unos minutos. La decocción se hierve durante más tiempo, y se usa para raíces, cortezas o semillas, que necesitan más extracción.
Esperamos que ahora veas con otros ojos cada planta que encuentres. La próxima vez que prepares una manzanilla, sabrás que esas florecillas amarillas son un tesoro de compuestos que la naturaleza diseñó con un propósito. Y recuerda: la herbolaria es un viaje de aprendizaje constante. ¡Cuéntanos en comentarios si tienes alguna planta favorita y qué parte usas habitualmente!