2026-05-16

Raíces, hojas y flores: qué parte de la planta se usa y por qué en herbolaria

Descubre por qué en herbolaria se usan distintas partes de la planta: raíces, hojas o flores, según sus propiedades y momento de recolección.

Primer plano de exuberantes hojas verdes de la planta de agave que muestran la belleza natural en Colombia.
Imagen: David Correa Franco / Pexels

Seguro que alguna vez te has preguntado por qué en una infusión de manzanilla se usan las flores y en cambio la raíz de jengibre se ralla fresca. No es cuestión de azar ni de tradición sin fundamento: cada parte de la planta tiene una composición química distinta, y esa diferencia determina para qué se usa y cómo se prepara.

En fitoterapia, la elección de la parte vegetal no es un capricho. Las raíces suelen acumular compuestos de reserva, las hojas concentran la energía de la fotosíntesis y las flores guardan esencias volátiles. Conocer esta lógica te ayuda a entender mejor tus infusiones, tinturas o cocciones caseras, y a sacarles más partido de forma segura y eficaz.

Raíces: el almacén subterráneo de principios activos

Las raíces y rizomas son la parte de la planta que suele tener mayor concentración de compuestos solubles en agua y alcohol, como polisacáridos, mucílagos o aceites esenciales pesados. Se recolectan al final del ciclo vegetativo (otoño o principios de primavera), cuando la planta ha acumulado reservas en la raíz para sobrevivir al invierno o brotar con fuerza.

Ejemplos clásicos son el jengibre (Zingiber officinale), la cúrcuma (Curcuma longa), el diente de león (Taraxacum officinale) o la valeriana (Valeriana officinalis). Estas partes se usan en decocciones (hervido prolongado) o en tinturas porque necesitan más tiempo y calor para extraer sus principios activos. La raíz suele ser más densa y fibrosa, por lo que una infusión breve apenas libera sus componentes.

En el caso de plantas como el jengibre, la raíz fresca contiene gingeroles, mientras que al secarse se transforman en shogaoles, más picantes y con distinto perfil. Por eso, según el uso, interesa usarla fresca o seca. No es lo mismo una tisana de jengibre seco que un trozo fresco rallado en agua caliente.

Hojas: la fábrica de la fotosíntesis y los aceites ligeros

Las hojas son la parte aérea más común en las infusiones cotidianas. Al estar expuestas al sol, producen compuestos volátiles, flavonoides y ácidos fenólicos que se extraen con facilidad en agua caliente. Por eso, la mayoría de las hojas se preparan en infusión (verter agua caliente y dejar reposar tapado de 5 a 10 minutos).

Ejemplos representativos: menta (Mentha piperita), melisa (Melissa officinalis), salvia (Salvia officinalis), tomillo (Thymus vulgaris) o hierbabuena. Las hojas tiernas suelen tener más aroma y principios activos que las viejas, y se recolectan justo antes de la floración, cuando la planta concentra su energía en el follaje.

Un detalle interesante: las hojas de plantas aromáticas pierden rápidamente sus aceites esenciales si se dejan al aire libre. Por eso se recomienda guardarlas en tarros herméticos, al abrigo de la luz y la humedad. Si notas que tu menta seca ya no huele, es señal de que ha perdido gran parte de sus compuestos volátiles.

Flores: la delicadeza de las esencias volátiles

Las flores son la parte más delicada de la planta. Suelen contener aceites esenciales ligeros, mucílagos suaves y flavonoides. Al ser estructuras finas, se extraen mejor con infusiones cortas (3-5 minutos) y con agua no hirviendo (80-90 °C) para no degradar los compuestos aromáticos.

La manzanilla (Matricaria chamomilla), el tilo (Tilia cordata), la lavanda (Lavandula angustifolia) o el saúco (Sambucus nigra) son ejemplos de flores de uso común. Se recolectan en plena floración, cuando el aroma y el contenido en aceites esenciales es máximo. Las flores abiertas al sol del mediodía suelen tener más esencia que las recogidas al amanecer.

Un error frecuente es hervir las flores. Al someterlas a ebullición prolongada, se pierden los compuestos volátiles y la infusión queda plana y sin propiedades. Para aprovecharlas al máximo, lo mejor es una infusión tapada, que evita la evaporación de los aceites esenciales.

Otras partes: cortezas, frutos y semillas

Aunque el artículo se centra en raíces, hojas y flores, no podemos olvidar que cortezas (canela, quina), frutos (escaramujo, arándano) y semillas (hinojo, anís) también se usan en fitoterapia. Cada una tiene su lógica: las cortezas suelen requerir decocción, los frutos pueden usarse frescos o secos, y las semillas a veces necesitan machacarse para liberar sus aceites esenciales.

Preguntas frecuentes

¿Puedo usar toda la planta en una misma preparación?

Sí, pero no siempre es recomendable. Cada parte tiene tiempos de extracción distintos. Si mezclas raíces y flores en una misma infusión, las raíces no soltarán bien sus principios activos con 5 minutos de reposo, y las flores se degradarán si hierves 20 minutos. Lo mejor es preparar cada parte por separado y luego mezclar las infusiones, o usar tinturas o extractos que ya concentran cada parte.

¿Qué parte tiene más principios activos: raíz, hoja o flor?

Depende de la planta y del compuesto que busques. En general, las raíces acumulan más cantidad de principios activos de reserva, pero no siempre son los más adecuados para tu objetivo. Por ejemplo, para un efecto digestivo suave, las hojas de menta pueden ser más apropiadas que la raíz de jengibre, que es más estimulante.

¿Cómo sé cuándo recolectar cada parte?

Las raíces se recolectan en otoño o primavera (antes de que broten las hojas), las hojas justo antes de la floración, y las flores en plena apertura, en un día seco y soleado. Hay guías de recolección estacional muy útiles si quieres adentrarte en la herbolaria casera.

Esperamos que esta guía te aclare por qué no es lo mismo una infusión de hojas que una decocción de raíces, y cómo elegir la parte adecuada según lo que necesites. La herbolaria es un conocimiento antiguo, pero con fundamentos muy lógicos que merece la pena conocer.